El Mandala

Por María Inés Lanus

"La escritura primitiva se basa en signos que evocan ideas (…) caracteres que se vinculan (…) a un elemento del pensamiento."

"Las palabras permiten hablar volublemente, se pronuncian sin necesidad de que el espíritu represente lo que expresen los sonidos (…) permiten disimular sus pensamientos (…) hablamos mucho para no decir nada"

Mandala significa círculo en sánscrito. Esta sencilla estructura con vasto e inmanente concepto y significación, puede considerarse como un todo ordenado que gira alrededor de un principio creador primero, creando una simbolización del microcosmos dentro de un macrocosmos mayor. De esta manera, lo podemos relacionar directamente con el concepto de círculo que hemos desarrollado y sus relaciones y que seguiremos desarrollando en este trabajo.

El mandala es hoy un estilo de meditación muy popular. La contemplación de éstos lleva al ojo a concentrarse en el Centro, a través de una composición perfectamente simétrica, que va acallando gradualmente los rumeos mentales llegando a estados más profundos de armonía. En occidente, cada vez son más personas las que se ven interesadas en los mandalas. Los niños los colorean, los artistas integran ideas a sus proyectos, las familias decoran sus casas, y personas lo utilizan como auto-ayuda. También muchos psicólogos los utilizan como parte de la terapia.

Para profundizar en su conocimiento, es necesario remitirnos a su origen. El mandala propiamente dicho es utilizado como objeto de meditación en la cultura oriental. Tanto en el budismo (llamados mandalas) como en el hinduismo (llamados yantras, con la diferencia que el primero usa símbolos verbales y el segundo, dibujos geométrico para un mismo fin en ambos: sintonizar con la energía infinita y transformadora del Universo) fueron, son y serán símbolos por excelencia de la unión con el Todo Absoluto.

En el antiguo budismo tibetano, el mandala representa a todo el Universo simbolizado y significado por distintas estructuras. Es una figuración del estado de la mente de la persona que lo realiza, capaz de conectarse con lo divino y original de su naturaleza, abarcando así al cosmos entero. Dicha interiorización necesaria para la creación del mandala, es muy valiosa para el proceso espiritual y sutil de la persona. Ellos dividieron sabiamente los tipos de mandalas en dos diferenciando el efecto distintivo existente en ellos: el llamado Mundo del Útero amplía la atención y conciencia y el Mundo del Diamante la centraliza.

En el hinduismo son llamados yantras y los yoguis lo utilizan como foco y guía para la meditación. Se constituye por círculos concéntricos que suponen una entrada a distintas dimensiones, adentrándose de a poco hacia el Centro. Este círculo mágico permite despertar la energía potencial dormida o kundalini hasta llegar a ‘la unión de la Diosa con el Dios’, cuyo proceso es el llamado sadhana. Este despertar implica llegar a estados de amplitud de consciencia y desarrollo espiritual. Puede estar hecho de figuras geométricas y los dibujan sobre papel, madera, metal o hasta en tierra o arena.

En la prehistoria, en las primeras civilizaciones de la India, recurrían a ellos para obtener fines mágicos. Le atribuían el poder de sanar, proteger, devolver la lluvia, incentivar la fertilización y obtener suerte en la caza. Hoy en día en el oriente, los utilizan como objeto de poder para protegerse de energías negativas y para adquirir suerte y ayuda. Es así, porque creen que son una llave para conectarse con las energías divinas.

Entonces nos sobran las razones para considerar al mandala, cuya estructura primera es como la que mencionamos anteriormente que representa mejor a la Unidad, como símbolo por excelencia de la unión, la circulación y el encuentro con Dios.

El círculo en las religiones

Luego de ver la importancia del círculo manifestada en los mandalas, de la religión budista e hinduista, nos urgió hacer brevemente una mención de la relevante presencia del círculo como símbolo, en todas las religiones, representando así, a toda la humanidad, desde sus orígenes.

"El símbolo no es un sigo que oculta algo que todos saben. Esa no es si significación; por el contrario, representa en intento de elucidar, mediante analogías, algo que todavía pertenece por entero al dominio de lo desconocido o algo que todavía no existe."

El hombre, desde el comienzo de su existencia, buscó cómo darle una forma a aquello que no tiene, a Dios. De este intento, nacieron las cinco religiones principales del mundo, que proponen caminos concretos y delimitados para poder ir a Dios. Podríamos simbolizar esto, de la siguiente manera:

La contemplación de cada símbolo lleva a la persona religiosa al fundamento elemental de su creencia, ya que simboliza de manera sutil, toda una composición y sistema de creencias, dogmas, ritos y concepciones. Vemos como la figura circular es frecuente en los distintos símbolos; cada uno está ordenado en una estructura circular primera.

Sin embargo, todos van a un mismo Centro, que emana la Verdadera Luz, única, primera. La integración de estos micro círculos, ordenados de manera que todos estén en dirigidos al Centro, forma un círculo mayor, todo ordenado, alrededor del Centro.

La evolución de nuestra humanidad radica en nuestra capacidad de que podamos hacer realidad esta simbolización. Incluyendo, aceptando, reconciliando a todos y cada persona del Universo, podremos así, y sólo así, acercarnos y entrar en relación con ese Centro primordial, todos unidos a pesar de nuestras diferencias. Ya somos todos, partículas dentro de la infinitud, con capacidad de emanar luz por nosotros mismos, recibiendo la emanación desde el Centro, desde la Luz. La unión en las diferencias. La belleza del todo desde lo particular.

El círculo en la teoría de C. G. Jung

Para finalizar esta primera parte, lo haremos con un capítulo dedicado a C.G. Jung, reconocido psiquiatra del siglo XX, que aportó grandes conceptos no sólo en el campo de la psicología y psiquiatría, sino también en el trascendente. Tomó parte de la sabiduría de oriente para aplicarla a sus investigaciones y teorías, para llevar a la persona con un encuentro con su centro o Ser, hasta ese entonces (y hoy día también) desconocido por gran parte de nuestra humanidad que es atea, empirista, relativista y mediocre.

Carl Jung aportó grandes teorías que fomentan esta unión intercultural que permite, de alguna manera, unir a todas las religiones dando su punto de vista acerca del círculo y su presencia en el Ser humano en sí, independientemente de su cultura.

Consideró al mandala como una manifestación simbólica del inconsciente cuya expresión artística era muy terapéutica ya que ayudaba a sus pacientes en su tratamiento y búsqueda del self o propia individualidad. Claramente tienen un efecto curativo y relajante que permite al individuo un auto conocimiento armonioso. Y en la manera que el hombre pueda aflorar su inconsciente, podrá también relacionarse con su inconsciente colectivo, que nos une a todos como humanidad. Continuaremos profundizando…

El curso circular de la Luz Viviente

Según Jung, y como expuso en su libro con Wilhelm "El Secreto de la Flor de Oro", hay un curso circular de la Luz Viviente, en el cosmos y en todos los distintos ambientes donde haya vida.

En la persona misma la energía de vida también circula de esta manera. Este curso circular gira alrededor de un Centro Primordial, el Verdadero yo, el yo trascendente, la esencia de la persona. Éste Centro irradia a la su periferia (psique, sentidos y cuerpo, mente) toda su luz y cuando la persona esta ‘centrada’ todos estos aspectos están ubicados. La persona esta ordenada.

Esquemáticamente lo podríamos ver así:

El yo, es la parte más esencial de la persona, es el Centro. Ahora bien, éste evoluciona en la medida que su vida espiritual se profundice. El yo trascendente va ganando su trono, y el ego se va debilitando. Esta vida es la ‘etapa de embarazo’, en la que este yo trascendente se va gestando, ya que el ego es necesario e inseparable de nuestra naturaleza en este mundo o fase de existencia. La muerte física representa el Verdadero nacimiento a esta realidad atemporal, luminosa.

"La psiquis participa en lo más profundo de una forma de existencia fuera del tiempo y del espacio, perteneciendo, por consiguiente a lo que simbólicamente se llama ‘eternidad’"

El yo trascendente esta ubicado respecto a Dios; acepta que el Verdadero Centro y fuente de vida es Él, ya que éste es su origen, su ‘Padre’. Por ende, este Misterio del cual somos formados, es heredado, y una parte de nosotros se mantiene con esta cualidad.

El ego no está ubicado, sino que él quiere ocupar el trono de nuestro Ser, quiere Ser el Dios. Este camino es muy doloroso, tenemos que ‘morir’ muchas veces a una parte de nosotros, pero así se produce un desligamiento, donde surge nuestra Verdadera liberta y espontaneidad. Esto nos lleva y prepara para el nuevo nacimiento.

Dentro de la psique, hay un inconsciente individual. También existe lo que Jung llama inconsciente colectivo. Este se rige por arquetipos que toda la humanidad comparte (la madre, el padre, etc). Desde aquí se producen movimientos, cambios, evoluciones a nivel universal. Éste, alcanza a superar a la persona individual. Es por eso que algún punto, estamos todos unidos desde aquí, y somos todos uno. Somos individuales, pero estamos todos dentro de esta instancia regida por un principio creador primero, la Verdadera fuente de Luz Viviente.

En este Centro se aloja la Verdadera la Luz Viviente. Cuanto más nos conocemos a nosotros mismos e indagamos en las obscuridades de nuestro Ser, más nos acercamos a nuestro Centro misterioso, y cada vez más obscuro para los sentidos, la racionalidad.

"La esencia de la psiquis está seguramente entre tinieblas, que están muy lejos de nuestras categorías racionales. El alma encierra tantos misterios como el mundo con sus sistemas galácticos (a la vista de los cuales sólo un espíritu falto de fantasía se obstinará en no reconocer su insuficiencia) (…)"

Con esto último, Jung se refirió a la importancia de un espíritu vivo con fantasía para poder recorrer las sendas de este camino. Aquí nos adentramos entonces en el concepto del inconsciente colectivo, el de los símbolos y el mandala.

Los arquetipos son conceptos compartidos por toda la humanidad, pero están desligados al objeto en sí. El camino hacia nuestro Verdadero Centro, requiere un conocimiento más grande de nosotros mismos. Aparte de nuestros pensamientos, obras, palabras, vamos prestando atención a nuestras sensaciones, impulsos. Este conocimiento nos va ‘humanizando’ cada vez más, ya que nos abarcamos y aceptamos con más tranquilidad.

Este conocimiento, cuando se hace más profundo, va entrando en nuestra zona más oscura. Los contenidos inconscientes van aflorando y es nuestra tarea ir develándolos.

"(…) Un símbolo, después de todo, es una tentativa de representar un arquetipo, pero el resultado sepultado en el inconsciente colectivo, es siempre imperfecto."

En psicoterapia, se dice que un problema se cura cuando se hace consciente lo inconsciente; cuando el instinto es dominado por la consciencia. El símbolo, en esta etapa, resulta la salida. El inconsciente no tiene un lenguaje racional, sino que se expresa a través de símbolos. Entonces por medio del conocimiento y observación de nuestros propios símbolos, vamos desflorando los contenidos de nuestro inconsciente colectivo, acercándonos cada vez más al Centro. Y el resultado es imperfecto para la racionalidad humana. Del caos surge el orden. Aceptando este ‘no entendimiento’ del hombre, donde se humillan sus sentidos, hasta su inteligencia, surge la luz viviente, la creatividad, con toda su fuerza y resplandor.

"Los símbolos (…) pueden representar niveles de desarrollo que constituyen predestinaciones del futuro status individual. El destino del hombre, la futura evolución de su psique, están marcados para él, por sus símbolos"

En la cita, vemos como el desarrollo de la persona se deduce a través de sus símbolos, y está estrechamente ligado a ellos. Jung recalca el que los símbolos son mágicamente efectivos ya que….

Podemos ver los casos de aquellos cuyo origen se encuentra en la antigüedad, ya que confirman un efecto hacia la persona y el carácter unificador del inconsciente colectivo.

¿Qué mejor manera y más íntima de ir encontrándose cara a cara con Dios, y contemplar el misterio de la vida, comenzando desde nosotros mismos, y desde nuestra propia psique? El ir más frecuentemente, a esta realidad sin tiempo, sabiendo que es algo que no pertenece al dominio de la persona o de su comprender estricto, produce el efecto de desplazamiento del ego. Se produce una liberación, una redención; el yo trascendente va surgiendo de la oscuridad.

En términos psicológicos, Sería someter en anima y dejar que el animus mande. Se trata entonces, de buscar la unión entre las fuerzas opuestas y abarcar todos los aspectos de la naturaleza humana. Una vez que nos liberamos de las ataduras de este mundo, de las pasiones desordenadas, de los deseos, y adicciones, crece nuestro espíritu, nuestra conciencia se ilumina; estamos en el camino de la Iluminación.

"La mandala o círculo mágico, es el principal símbolo de este yo trascendente."

Es así como encontró Jung en el mandala, el símbolo por excelencia. Éste retrata el estado de la persona en ese instante. Ahora bien, desde la aceptación de esta individualidad limitada, nace el Centro primordial que está presente en todo mandala. Ese Centro oscuro, sin fondo, sin nada, que marca el Centro, y marca la nada, marca a Dios. Marca la fuente de creación, y marca el vacío. Allí la persona se unifica. El símbolo logró su objetivo.

De este modo, logramos unir el concepto de Círculo y su simbología con la personalidad humana y el mandala como símbolo por excelencia.

Conclusiones:

"Uno de los errores sociológicos y psicológicos más fatal y muy frecuente en nuestra época, consiste en creer que algo puede cambiar totalmente a partir de un momento determinado, que el hombre, por ejemplo, puede modificar, o que se puede hallar una fórmula o Verdad que represente un comienzo enteramente nuevo. Siempre ha sido un milagro que algo haya resultado esencialmente distinto y hasta mejor. El desviarse de las Verdades de la sangre produce un desasosiego neurótico; éste a su vez genera la insensatez de la vida y es una enfermedad psíquica que nuestro tiempo no ha comprendido todavía en todo su alcance y en toda su extensión."

Llegando al cauce de esta primera parte que relacionó temas como el cuerpo, el Yoga, círculo, mandala, la humanidad y las religiones y la psicología profunda de Jung, haremos una pequeña reflexión final.

Creemos que la conclusión de nuestro trabajo, y un descubrimiento muy valioso de esta investigación, es que nuestro camino se halla en la búsqueda de la simplicidad, de lo más básico. En el despojo de nuestros intentos de encontrar respuestas complejas y rebuscadas. La Naturaleza está regida por una inteligencia de por sí, infinitamente grandiosa. Nuestra entrega a ella, o nuestro deseo e intento de fluir con ella, nos hará libres.

Consideramos al Yoga, práctica ancestral, como camino que favorece este encuentro con el centro básico, ya que busca las respuestas allí, en lo simple. El círculo como símbolo por excelencia, y la inexorable relación con el todo-nada en su simbología. El mandala como descubrimiento de Jung en occidente, y ancestral método oriental como ayuda para este caminar hacia nuestra esencia.

La contemplación de la vida es el camino, ya que nos deja abierta la puerta del misterio, en el cual no encontramos sino la certeza de que vamos por el camino correcto y prometido: nuestro origen.

Bibliografía

WIRTH, Oswald. "El simbolismo hermético", Ed Saros, Buenos Aires,

JUNG, C. G.; WILHELM, R. "El Secreto de la Flor de Oro", Ed Paidós, Buenos Aires, 1977

HALL, C. S. y NORDBY, V. J. "Fundamentos de la psicología de Jung", Ed Psique, Bs. As., 1978.

JUNG, C.G. "Realidad del alma", Ed. Losada, Bs. As., 1940.

ROMÁN, Rodolfo. "Mandalas del mundo II", Ed Océano Ámbar, Barcelona, 2006

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